Debilidad

Se sentía tan débil que lo único que podría respirar era su aliento, era incapaz de alejarse de él, se había convertido en una obsesión. 
Perdió hasta la última de sus sonrisas, perdió la razón, dejó de ser ella y pasó a ser de él.
Él era incapaz de ver sus sentimientos y jugó con ella como si nada le importase. 
Se acercó pero para dañarle haciéndole caer en la tentación. 
Empezó con hacerle probar sus besos, ella incapaz de parar, se sentía viva, era como una especie de droga que por un momento le hacía trasladar su mente a un lugar irreal.
Ardía en su interior, de los besos pasó a mordisquitos, llegando a rozar el cuello con sus labios, la marca de carmín hacía un recorrido por su varonil pecho.
Cada vez ardían más en un mísero engaño, él como un animal le quitó la camiseta, empezó con sus manos a acariciar su torso desnudo. Ese acto le parecía escaso, necesitaba más, llevó su boca hasta su espalda, besando cada cm de su piel, lamía sin piedad, le encantaba escuchar los gemidos de ella, le hacía sentir superior, sentir hombre.
Ella confundía el placer provocado por el amor que sentía, se dejaba usar, ese momento era una parada del reloj, no podría controlarse y se dejaba llevar aún más.
Pasaba de besarle el torso hasta bajar, cada vez más abajo, sentía escalofríos, llenaba su mente de un deseo desembocado.


Él no podía contenerse más y llegó al momento esperado, a través de los gritos de ella, se notaba que había ocurrido, le hizo suya. Era una noche salvaje, en la que la luz de la luna, era cómplice, de un mal uso del amor. Al acabar el acto, él dormía, pero ella disfrutaba contemplado su figura, se perdía en los lunares de su espalda, le amaba tanto que se dejaba jugar, sabía que eso acabaría por matarle, pero si le tenía aunque fuese por momentos, ¿qué mas daba?

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