Manipulada ante el mar

Le culpaba el mar por ser sus ojos más intensos, por parpadear de cierta manera que ni las olas rompía con las rocas, aquel brillo no era sostenido ni por el Sol. Concentrarme en su mirada me hacía intentar localizar el norte, brújulas pérdidas por alta mar. Pero lo más intenso, mi alma al ser bañada por sus aguas, enloquecía, hasta llegar al extremo de dejarme ahogar si me lo pidiese. Me sumergí entre la locura, ya no podía respirar, me faltaba la brisa que relajasen a mis pulmones. Floté y floté hasta dejarme marear por el oleaje. Llegué a ser un náufraga depositado a la suerte, perdida entre un montón de arena, de la que aquella isla hacía de mi mente. Mis huellas marcaban cada espacio, tomaba un rumbo de un no sé donde para evitar volver a aquella situación. Aparentemente reflejaba al paraíso, pero eso era, solo un reflejo, al cual la realidad sería capaz de llevarme al infierno. Ahora sí, rodeada de tranquilidad, manipulada ante la soledad. Se suponía que tendría que estar bien, pero al llegar las noches, la luna helaba de frío al razonamiento. No tenía como desahogar todo aquello que sentía, mis sentimientos ardían aumentando mi sed. Necesitaba tan solo
unas gotas de agua, la tentación me hizo beber, seguía bebiendo hasta que cada centímetro de mi piel era rozada por la humedad. Ya no podía reaccionar, me lancé de nuevo a la mar sin pensar que era lo que me podría matar. Sus aguas calmaron mi necesidad, pero creó una adición de la que ya nunca podría escapar, ¿acabaría el mar dejándome sin respirar? Tan solo quería amar.



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