Mira dentro

Era una historia dividida, había dos partes totalmente diferentes, el corazón estaba indeciso, había dos personas colapsándolo.  Para evitarlo,o necesitaba alzar dos vistas, hacia dentro y hacia fuera.
Con la primera persona, la vista hacia fuera era prácticamente perfecta, cuando caminaban de la mano podían presenciar que la gente le sonreían, su belleza era tan intensa que escondía la vista hacia el interior. Llegando a la profundidad de su ser, demostraba que no servía de nada aquella belleza, aquella relación superficial. Se realizaba un intercambio de sonrisas pero no había intercambio de sentimientos.
A la mínima se formaban discusiones, todo era enfados, mismas personalidades eran tan chocantes que nunca llegaron a colisionar, se juntaron pero no tocaron hondo. El tiempo pasaba, la superficialidad crecía y el amor disminuía pero aún así existía. Las dudas crecían, no había pensamientos claros, no tuvo más remedio que dejarse escapar.

En medio de esa huida, se topó con un recuerdo del pasado, llegó para entrar y buscar un sitio en sus sentimientos. El destino de caprichos llenaba su vida, decidió que sus dudas aumentase, ella creía que le podía querer, pero había un miedo diferente, el exterior. Hacia fuera ya no era tan bonito como el otro chico, la gente pensaban y señalaban, ¿cómo podía estar una chica tan linda como aquella con ese tipo? Quizás aquel chico no fuese el más guapo, ni de la mejor sonrisa, ni llegaba a la gente por su carácter, tenía un mundo diferente, sin complejos, sin superficialidad, las aparincias no le importaba las, simplemente le quería y estaba dispuesto a dar  su vida por ella.
Pero ella era muy diferente, aún poseía rasgos que le caracterizaban por su superficialidad, no le gustaba lo que sus ojos observaban, pero sí lo que su corazón sentía. Tanta indecisión le creaba una especie de tormento.

 Encontró un remedio cerró los ojos e imaginó que alguien se le aproximaba, que se colocaba frente a ella y la besaba. Cuando los abrió, comprendió que aquel chico no era el primero que entró a su vida, si no el segundo. Con los ojos cerrados, las apariencias sobran, solo llegan impulsos de bien estar que él le transmitía, creó realmente una mirada perfecta,
superando a la anterior, pero aquella mirada era diferente, era hacia dentro.

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