A ti que te vi nacer

Con cada tic tac del reloj siento como mi corazón se encoje, mi pulsación disminuye casi paralizándose, mi visión se vuelve borrosa acusa de estas lágrimas que empañan a mis ojos, ¿por qué tú?

Te veo en esa camilla, con esos increíbles ojos que expresaban tanto, aquella sonrisa que invitaba a bailar a la mía, ahora cerrados, apagada.
Esas palabras me ronda en la cabeza, esos "te quiero abuelo" que tengo tanto y tanto miedo de no volverlos a escuchar, de que esa voz chirriante se esconda.
Bajo tu brazo inmóvil está atrapado MR.Brons, aquel peluche que cuando yo mismo te lo regalé, dijiste que nunca te separarías de él, y mírate, en tus posibles últimas horas de vida, está aquí a tu lado. Veo que cumples tu promesa, eres un hombrecito de palabra y no sabes como enorgulleces a tu abuelo. Nunca supe el límite de quererte, de como tú, medio metro te clavarías tanto en mí y ahora que quizás te vayas, sé que este límite no existe, que te quiero a rabiar, que me mataría por ti.
A ti que te vi nacer, a ti que en tus primeros días te cuidé, a ti que consentía todo, a ti que te daba esas golosinas en silencio para que tu madre no te regañase, a ti que te contaba mil y una vez mis historias y nunca te cansabas, a ti que me tratabas de héroe, cuando tú pequeño eres lo más grande, a ti que me regalas las ganas de vivir, a ti, regresa, vuelve.
No puedo permitir que yo, con los huesos cansados siga aquí coleando mientras tú que te queda tanto por caminar, ahora esos pequeños pies que ya no son calzados.Vive, te quiero vivo, te quiero de nuevo, te necesito, por favor mi vida llevárosla, arrancadme todo, matadme, no tengáis piedad, pero dejad que él viva.

5 minutos, sólo 5 minutos, el tiempo mi mayor tortura. Necesito acelerar esas agujas, necesito la respuesta, joder nunca había esperado con tantas ansias.
Esto no se asemeja cuando tú la noche del 5 de enero saltabas  por mi cama, gritando a voces vivas "nos durmáis, que los reyes magos vienen", con que ganas esperabas esos regalos, pues esas enormes ganas no se comparan a las mías.
Con todos esos recuerdos, intento relajarme, son tantos días sin dormir que mis piernas se tambalean, me retumbo en ese cómodo sillón mirando tu carita de ángel, hasta que una voz me despierta.
-Enhorabuena, Sr.Martínez, hay un 98% de compatibilidad, se podrá realizar el transplante, este niño podrá crecer gracias a ti- Dijo una mujer vestida de blanco con una  placa donde ponía su nombre, una tal Doctora Ramirez.
Consigo abrir los ojos, ¿es real todo lo que escuché? Intento localizarla, pero no la veo, ni rastro de ella. Salgo a preguntar a recepción y aparecen con la noticia de que no hay nadie que trabaje allí con ese nombre, esa doctora no existía.
No puede ser, ¿me estaré volviendo loco? Entro de nuevo a la habitación, un pitido abruma mis oídos, las maquinas han fallado, el caos se adentra, corro a socorrer a mi nieto, necesito sentir su respiración. No escucho el latir, un escalofrío me recorre en cada centímetro de mi piel, no puede ser, se acabó,  y desde aquel momento mi vida se escapó con la suya.Tenemos tanto miedo a la muerte, que lloramos hasta que las lágrimas se vuelven tan cálidas como agosto, que pierden ese caudal evaporándose y recorriendo distancias de la mano del viento, que experimentamos tales sensaciones que nos concomen por dentro, sin mirar hacia el lado de nuestra existencia, sin dar gracias por ello, por vivir y que la muerte, solo es el camino que nunca acaba, que ya si que es verdad que nada, ni nadie, ni siquiera esa temida muerte, me separaría de mi nieto.

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