Ruinas de enero

Puertas abiertas, cortinas apartadas, rendijas inestables, cristales frágiles, preparado todo para ser habitado. Como si de un abordaje se tratara, así entraste, con ansias, con ganas, ¿y que mejor regalo para un ladrón que la llave maestra?
Sí, te la entregué y no me faltó tiempo para dártela, tan intenso era el deseo que sentía para que esta casa por fin fuese habitada que ni si quiera llegué a pensar en los destrojos del huracán. Cada uno de los rincones presentes, el inmobiliario sin trucos bajo la manga, todo para tu uso. Aromas de primavera, calor de verano, caída de hojas en otoño y la manta que cubría ese suave invierno. Habitada año tras año con la amenaza de que un día de estos esa puerta volviera a abrirse tal como en el principio y que desaparecieses tras ella. No te ibas, por más que el viento recorriese las plumas del atrapasueños, por más que la luna se escondiese y el sol alumbrara, ahí permanecías, táctil, de un sabor agridulce, quién podía averiguar el tiempo que permanecieses allí. Es difícil seguir mirando con los mismos ojos que saben que existe el final y con la incertidumbre de cuándo llegará. La lluvia acompañaba cada escena, cada sentimiento vivo , demasiada lluvia, demasiado viento. Inundaste esta insegura y confiada morada, la vaciaste de tal manera que esta vez era yo quien pedía que te alejases.

 "Por favor, vete de aquí, desaloja todo lo que puedas, no dejes nada, quiero dejar de existir, vete."
Rabia, pudor, escalofrío, el final llegó y con el enero heló hasta el recuerdo más ardiente, te fuiste de aquí, me dejaste un hogar en ruinas, tal cuales eran las ruinas que me daba miedo llamarle hogar. Quemas y congelas a la vez, "por favor vete, vete de aquí. Déjame vacía una y otra vez, pero vete, por favor vete y antes de irte regresa."

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