La camarera de la sonrisa dulce

Una vez me preguntaron acerca de los sentimientos, aun recuerdo esa pregunta: -¿Tú crees que se comienza y se puede dejar de sentir? Me tiré un buen rato pero llegué a una conclusión. Yo creo que los sentimientos es un tipo de energía. Todo encaja, energía positiva siempre y cuando estás feliz; energía negativa cuando la sensación de tristeza te abruma. Y eso de que los polos opuestos se atraen es cierto, necesitas a alguien de energía opuesta para colisionar, pero también es cierto que si encuentras a esa persona de tu mismo tipo, esta energía aumentará. Sin dar más rodeos voy a decir cual fue mi respuesta. -Los sentimientos... me pausé para pensar bien lo que decía. -... Son pura energía, y como ella tiene sus mismas propiedades. Ni se crea, ni se destruye, simplemente se transforma. Ahora os explico que quiere decir esto: tú nunca empiezas a sentir, es más nunca lo has dejado de hacer pero lo que nos lleva a los prejuicios es el distinto modo en el que lo hacemos. Os voy a contar algo que me viene a la perfección para explicar esto. Día tras día, en aquella pequeña cafetería de la esquina, en ese acogedor lugar me topaba con la camarera de la sonrisa dulce. Digo dulce, porque la primera vez que pedí un café se me olvidó echarle azúcar, y yo sin esa sustancia no soy nadie. Mientras daba sorbos presenciaba a aquella mujer, mis ojos se clavaban en la perfecta silueta de su boca, su risa me atrapaba, me bebí el café sin parpadear hasta que se retiró. Cuando fui a pagar me di cuenta de que el sobre de azúcar estaba intacto, aquella risotada hizo acaramelar mi café, por eso aquel día decidí llamarle así. Pasaron meses después, y conseguí repartir nuestro vocabulario, luego repartimos saliva y por último un destino. Y si te soy sincero nunca comencé a sentir, desde el comienzo de asistencia a ese local ya lo hacía, sentía que era una desconocida, sentía que quería llegar hasta ella y llegué, mis sentimientos de extrañeza puedo afirmar que se transformaron en amor. La quise y no me importa quien se entere. Sin embargo como suelen decir "todo lo bueno acaba". Una mañana me levanté miré hacia el lado izquierdo de mi cama, y sólo veía las sábanas arrugadas, ni rastro de ella. Se fue sin decir adiós.La gente decía que ya no me quería, pero yo le decía que eso era falso. Muchos me ofrecieron ayuda, unos pocos me dijeron que tenía que superar su partida, a algunos les daba pena y otros me tomaron por loco. Nunca me tomé mal sus comentarios porque sabía que yo estaba más cuerdo que todos ellos juntos. Ella no me dejó de querer, sólo lo transformó y con el tiempo mis sentimientos también se mudaron. Ya no me gusta el café pero no dejó de beberlo. Lo que sentía se convirtió en anhelo y ahora es recuerdo, aunque sé que jamás esa energía se irá aunque se traduzca en olvido.

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