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Lo siento por ti, lo siento por mí.

Llegamos a un problema, ese que nos ha dejado peor que Roma y sus ruinas. Nos hemos querido, nos seguimos quieriendo pero en distinta medida.La gravedad a la que caemos aumenta a la vez que mis sentimientos, pero los tuyos siguen intactos, me quieres igual, cada vez te quiero más. Mis ganas de besarte esa sonrisa no se asemejan a las que tú puedas experimentar y por eso nos pasa lo que nos pasa. Quiero acercarme a ti, cualquier cosa me sirve, sim embargo esto te agobia y de cierta forma instalas una frontera que no me deja pasar para inhalar  tu aliento. Me limitas y ello me hace querer romperlo, entiéndolo. Comprende mis enfados, y asimila que soy así, que me enervo y digo cosas sin sentido, me altera ver que que pasas de mí, me cansa poner siempre la cara buena y que tú ni pongas una cara cualquiera. No me gusta mis reproches y sé que a ti menos, es muy simple me gustaría que me quisieses como yo. Fácil sería volver a los tiempos que estábamos igualados, aquellos que ni tu me alc...

El puzle

Desde aquel cálido mes de agosto fui colocando piezas de este puzle, me atraía mucho la idea de verle completo, pero cada vez que me acerco a conseguirlo, algo en mi se aleja, no cumple con mis expectativas y de cierto modo me decepciona. Me creó adicción, me encantaba, era algo especial, como nunca lo había vivido. Cierto es que jugué a muchos juegos, de mesa y otros tantos digitales, juegos que los rozaba con mis manos sintiéndolos y aquellos que los presenciaba tras una pantalla, mis dedos se deslizaba pero jamás llegué a tocarlos. Ahora este es extraño, me gustaba tanto al principio que tengo miedo de acabarlo, me desespero porque quiero volver al inicio y no puedo, ya todo es distinto, los secretos desconocidos son verdades generales que pierden todo su atractivo. Quisiera romper las piezas, aunque sin embargo tengo la esperanza de que cuando encuentre el lugar para cada pedazo, sea como una vez imaginé o que me sorprenda superando límites, pero esto es tan improbable, como cierto...

Sonrisa frágil

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¿Qué quieres de mí? Estoy cansada de tus actos, de tus palabras las cuales no se si creerlas. Me dices que me quieres pero luego no vienes. No se que acabó sucediendo, los recuerdos se dilatan en el tiempo, ya nada es igual aunque a momentos me lleguen ventoladas de ese cálido agosto.¿Agosto, donde estás? Esos atardeceres se fueron igual que tu esencia, y ya solo me queda Diciembre, tan duro y frío como estar sin ti. Te echo de menos no sé si ha quedado claro, digo que no caére, pero vuelvo a hablarte. Me jode, que me veas así, desesperada y no hagas nada, tu ignorancia me come por dentro, me acribilla y me deja por el suelo, pero luego regresas y dices que no me puedes olvidar. En ese momento mi mente me lleva hasta el lugar donde mi piel se desliza sobre tu cuerpo, donde cruzamos silencios, donde el  azul de tu mirada me quita el aliento y suspiro. Este suspiro me vuelve a la realidad, podríamos ser tanto si creyese en tus palabras, podría quererte como nadie, pero aquí estoy que...

A romperlo

Ahora en la época de examenes, me estoy dando cuenta de lo ridículos que somos, como en ciertas materias nos sentimos tan seguros que seríamos capaces de lanzarnos por un puente sin la cuerda esa que nos protege y mientras tanto en otras, el miedo nos invaden que ni tan siquiera somos capaces de avanzar un paso al frente por si nos caemos. Creo que nuestra inseguridad depende de factores como "traumas" con el profesor, experiencias o la misma asignatura. Aunque lo más importante está en nosotros mismos, los que decidimos si vencer o atraparnos en ello. Hoy mismo, me puse a hacer un examen de francés y era increíble como notaba que mis manos temblaban, que la líneas del lápiz dibujadas se rompía, y como mi cabeza volaba a otros lugares. No digo que fuese tan díficil para experimentar esas sensaciones, pero lo hice, acabé con las lágrimas impulsando a mis ojos para que puediesen salir. Me da tanta rabia, porque solo son unas...

A ti que te vi nacer

Con cada tic tac del reloj siento como mi corazón se encoje, mi pulsación disminuye casi paralizándose, mi visión se vuelve borrosa acusa de estas lágrimas que empañan a mis ojos, ¿por qué tú? Te veo en esa camilla, con esos increíbles ojos que expresaban tanto, aquella sonrisa que invitaba a bailar a la mía, ahora cerrados, apagada. Esas palabras me ronda en la cabeza, esos "te quiero abuelo" que tengo tanto y tanto miedo de no volverlos a escuchar, de que esa voz chirriante se esconda. Bajo tu brazo inmóvil está atrapado MR.Brons, aquel peluche que cuando yo mismo te lo regalé, dijiste que nunca te separarías de él, y mírate, en tus posibles últimas horas de vida, está aquí a tu lado. Veo que cumples tu promesa, eres un hombrecito de palabra y no sabes como enorgulleces a tu abuelo. Nunca supe el límite de quererte, de como tú, medio metro te clavarías tanto en mí...

Eres un ridículo.

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Tú, si tú, eres un ridículo. Tú el que se hace la víctima, el quiere llamar la atención y solo das pena. Sigue así, haciéndote daño, haciéndoselo a los demás, poniendo tu vida en peligro, ¿para qué? ¿Qué quieres conseguir con ello? ¿Estar muerto? Pues adelante, sigue obsesionado, que lo conseguirás. Vomita una, dos o tres veces al día, no comas nada o hínchate hasta explotar. Córtate a ver si derramas tanta sangre que el corazón muera. Enciérrate a llorar, llora sin parar a ver si te ahogas en tu propio mar de lamentos. Fuma todo lo que pilles, fuma hasta que el aire puro te haga mal. Vete al lugar más alto y lánzate hacia el suelo o tírate a las vías del tren como si la velocidad se llevase tus problemas. Sigue condicionándote tu vida, échale de menos, sigue esperando a que vuelva, échate las culpas, que esa persona mientras se come la boca con otra. Quédate en el sofá a ver si te llaman para darte un trabajo, para decirte "queremos a gente con tanta motivación como tú"...

La de carne y hueso

"Lo admiro y lo envidio...¿O acaso puedes admirar algo que no envidias? ¿O puedes envidiar algo que no admiras?" -Albert Espinosa. La envidia me invadía cuando veía a esas chicas perfectas y me comparaba con ellas. Lo tenían todo, eran guapas hasta dar asco, altas y medidas inalcanzables, piel suave y bronceada. Con las máximas notas, rodeadas de sobresalientes, unas celebritos. Tras ellas habían miles de chicos pidiéndoles una mísera oportunidad, chicos que ni los príncipes azules eran como estos y a pesar de eso, ellas les podían rechazar. Más envidia me daban aún cuando veía esa sonrisa colgate, amigos que eran como sus siervos, su dinero rebosando de los bolsillos, y lo mejor de todo se les veían felices. Las admiraba, tanto como las envidiaba, quería ser una de ellas, ¿pero de todo esto qué sería lo de verdad? Todo es de plástico, no traspasa la piel, está fabricado de un material superficial. En este tiempo queriendo cambiar, sin darme cuenta de quien soy, sin d...